lunes, 24 de enero de 2011

EL MIEDO

Valiente ante el dragón y la masacre, el caballero se quita el yelmo y descansa sus agotados músculos sobre una roca lejos del sol, con cielo de arboles y música del arroyo cercano.


Su mente dibuja el contorno de la cara de esa mujer de rojos cabellos y mirada verde. Sin percibirlo sus dedos se mueven como si la imagen cobrara presencia. Sube la vista desde sus caderas generosas, se detiene en sus pechos eternos, su cuello largo y claro. Su mentón como un mordisco en un durazno húmedo, rodea su boca con la yema de sus dedos gastados de batallas con la delicadeza con que tomaría a una mariposa por las alas. En su mente ella tiembla deseosa, coloca la mano en su pecho y busca sus ojos con preguntas que solo merecen una respuesta.


El siente sus ojos como fuego verde clavados y se incendia, huye, se escapa de su propia mente corriendo demencialmente y se detiene sin aliento a varios metros. ¿metros? Son gigantes, son de hielo, son claustros inviolables.


Entregó su cuerpo, sus posibilidades de vida, y su posible felicidad. Demasiados años lucho batallas ajenas. Temía mas por su alma libre que por su cuerpo real. El terror de sentir demasiado le pareció un abismo voraz y caliente, que mataría sus victorias aclamadas. El inmoló a la mujer expensas de su miedo sin saber que él mismo se entregaba. Tanto tiempo pasó….¿vacíos? ¿es eso hueco y frío que siente dentro? ¿soledad? Empiezan a asustarlo los truenos a falta de abrazos.


Ella esperó, esperó de forma demencial hasta quebrarse en ira y resignación externa. Vivió como dice el viejo libro que deben vivir los hijos de Dios, lo intentó de todas las formas posibles para su limitado existir. Desposó a un mortal, tuvo hijos, se ocupó de una casa y de tejer y mantener el fuego encendido. Sufrió más heridas en los días grises, que el caballero en sus cruentas batallas apocalípticas. Lloró tanto como si las lagrimas fueran parte funcional de su cara. Se secó el espíritu y engañó al mundo con su sonrisa previamente estudiada.


Los mundos falsos habían nacido. Los mundos falsos exigen el tributo de las almas


Nunca fueron felices. La dama herida y el caballero cobarde murieron en el mismo instante, a miles de kilómetros, con un sueño de vida no vivido.

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