
Cuenta la leyenda, que el mago niño tenía el poder de la inocencia, la luz de las mañanas en el agua, los pasos limpios y claros. La bondad deliberadamente forzada, llevada a extremos increíbles. Dicen que tenia alados los pies, pero yo no pude comprobarlo.
El niño fue niño mientras yo lo fui también, la vida lo protegió bastante de sus brutales asaltos. Cuando fue un joven, conservo el candor envuelto en rebeliones santas, en letargos de siestas a pura chicharra, en noches de alcohol y apenas más que eso. Siguió virgen, de una virginidad insolente, de alma tierra sin cultivo, lleno de instrucciones y con la mirada serena. Siempre fue sereno, siempre fue claro, siempre eligió las cosas simples y por ello quizás se mantuvo impoluto.
El niño se hizo hombre, por fuera, pero siguió siendo un eterno adolescente aplicado, caminando con pasos de gigante, pero cargando un biberón lleno de miel.
El niño fue niño mientras yo lo fui también, la vida lo protegió bastante de sus brutales asaltos. Cuando fue un joven, conservo el candor envuelto en rebeliones santas, en letargos de siestas a pura chicharra, en noches de alcohol y apenas más que eso. Siguió virgen, de una virginidad insolente, de alma tierra sin cultivo, lleno de instrucciones y con la mirada serena. Siempre fue sereno, siempre fue claro, siempre eligió las cosas simples y por ello quizás se mantuvo impoluto.
El niño se hizo hombre, por fuera, pero siguió siendo un eterno adolescente aplicado, caminando con pasos de gigante, pero cargando un biberón lleno de miel.
Nunca supe si era real, o solo una invención de mi cuerpo, una aparición de mi alma, un sujeto hecho a la imagen de mi mente cansada.
Allí lo encontré, sonriendo siempre con palabras humildes e inseguras, un hombre niño a la espera del mana soñado de la vida
Aun no sabe, aun espera que la vida no lo estafe como al resto, quedándose escondido a luz de todas las miradas, pero guardando la llama de su candor muy adentro. El hombre lleno de sueños, ni siquiera los susurra en voz baja, para no espantarlos, los deja adormecidos y latentes entre los puños. Y sonríe, siempre sonríe, con una amabilidad casi insolente.
Yo gasto más años, apenas algunos, pero mi vejez viene de llamas viejas y encended idas que arrasaron hectáreas de mis bosques idílicos. Tengo la soledad marcada a fuego como una condena a perpetuidad, y me ahogo, me desarmo en llanto, me suicido en sucesión de errores, pero como él, sonrio, siempre sonrío, podría decirse que cuanto más sonora es la carcajada más me voy desarmando. Viví, me anime, no me quede latiendo y esperando, Salí ansiosa a buscar mis sueños, que uno a uno me apuñalaron. Me anime a crecer, sin reparar que guardaba el corazón de niña.
Y tiene un alto costo seguir niño, como querer saltar a la cuerda con las piernas rotas. Como querer comer caramelos con un puñal antiguo enterrado en mi estomago. Tiene su costo vivir, pero nunca entendí porque para algunos es tan alto.
Me superé, reviví mil cien veces. Me reinvente, hasta que mi cuerpo y mi alma resistieron. Un día le contaron a mi mente _No soportamos mas, hace algo para seguir… Y allí nacieron mil caras diferentes para la misma carne, el espíritu intacto, casi volvió a ser nuevo y sin macula.
Jugué, jugué, pensando que era un juego y solo fue supervivencia. Me adueñe de otras vidas para sanarme, y camine sobre el fuego sin quemarme….eso pensaba yo, si no soy esa, no me puede doler.
El mayor engaño fue a mí misma, porque me incendie de manera increíble, fui un bonzo de dolor y carne. Y pago, cada día, pasa la factura de haber respirado errada.
En esos ensueños conocí el amor…el amor del tiempo eterno. En esta vida eligió perderse, pero el amor esta y estuvo allí, solo que lejos, muy lejos de toda distancia. Lo sepulte y es llorado con lagrimas de silencio cada uno de los días.
Un día conocí al hombre niño…bailando con disfraces me vio y quedo preso. Su corazón latió por un microsegundo…y cuando el mío despertó del entierro de carnaval, el suyo se apago como un fuego fatuo.
Quedan latidos, si, quedan rastros de sal, como la tierra inundada de un mar que se alejo definitivamente. Quedara un tiempo y ni la sal durara, lo sabemos ambos.
El hace mágicos pases sin saberlo, despliega hechizos de vida. Volví a ser niña, recupere mi paso, me llene de energía, engullí su aura. No sé que será… no sé. El niega realidades con la misma constancia que yo. El impone razones al corazón, argumentando “no se” a cada latido extinto. Yo quiero ser como él, y soñar sin sueños palpables, quiero tragarme su cuerpo ,sus calmas de siesta, sus sudores, sus saldos de amor, sus ramalazos de locura. Y quiero dejarle un poco de mis alas, que él solo ve cansadamente tristes y no las ve brillar. Como son, como lo impongo, mis alas brillan, y brillaran más aun.
Ni siquiera sé que sueño. El hombre niño y yo de la mano caminamos juntos, con el horizonte propio esquivo del otro…a veces quisiera ser dios y escribir las hojas de los libros.
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